Desde Malabrigo al segundo puesto nacional: tres estudiantes que pensaron una nueva forma de prevenir las recaídas.
Camila Suligoy, Martina Kaufmann y Jazmín Colignon, alumnas de la Escuela N.º 57 “San José de Calasanz” de Malabrigo, obtuvieron el segundo puesto entre 137 proyectos de todo el país con SYNAPP, una propuesta tecnológica destinada a prevenir recaídas en personas que atraviesan situaciones de adicción. El proyecto combina una aplicación móvil, una pulsera inteligente y herramientas de inteligencia artificial preventiva.

Desde una ciudad pequeña del norte santafesino, tres jóvenes lograron que una idea nacida en las aulas llegara a ocupar un lugar destacado entre proyectos provenientes de distintos puntos de la Argentina. Camila Suligoy, Martina Kaufmann y Jazmín Colignon, estudiantes de 3.º, 4.º y 5.º año de la Escuela N.º 57 “San José de Calasanz” de Malabrigo, alcanzaron el segundo puesto nacional, entre 137 trabajos presentados, con un proyecto que combina tecnología, investigación y una profunda mirada social.
La propuesta se llama SYNAPP y parte de una pregunta tan sencilla como trascendente: ¿qué pasaría si la ayuda pudiera llegar antes de una recaída?
Una problemática compleja abordada desde la escuela
Las estudiantes identificaron a las adicciones como una de las problemáticas sociales más complejas y silenciosas, no solamente por las consecuencias que genera en quienes atraviesan una situación de consumo, sino también por el impacto que alcanza a sus familias, amistades y entornos cercanos.
A partir de esa preocupación nació SYNAPP, cuyo nombre surge de la combinación de los conceptos “sinapsis” y “app”.
La propuesta integra una pulsera inteligente, una aplicación móvil y una inteligencia artificial preventiva dentro de una misma red de acompañamiento. El sistema contempla la posibilidad de identificar determinadas señales de riesgo —como niveles de estrés, frecuencia cardíaca y horas de sueño— para intervenir de manera preventiva y activar una red de apoyo integrada por familiares, profesionales y mentores.
A su vez, la aplicación plantea objetivos, recompensas saludables y seguimiento personalizado como herramientas para acompañar los avances de cada persona.
El diferencial que plantearon las jóvenes no está solamente en utilizar tecnología, sino en anticiparse al momento de una posible recaída, buscando que el acompañamiento no aparezca únicamente cuando la crisis ya ocurrió.
Un concurso que promueve soluciones para problemas reales
El proyecto fue desarrollado en el marco del programa EY STEM App, una iniciativa que propone a estudiantes trabajar en proyectos innovadores utilizando conocimientos vinculados con la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM) para abordar problemas reales de sus comunidades, tomando como inspiración los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
La metodología propuesta por el programa invita a los equipos a identificar una problemática, elegir un desafío relacionado con un ODS y desarrollar una solución. Para organizar las ideas se utiliza el denominado Modelo Canva Escolar, que contempla aspectos como el problema, la solución, los beneficiarios, el impacto, los recursos necesarios, el diferencial y la comunicación.
En las instancias finales, cada institución selecciona un proyecto para representarla. Los trabajos avanzan luego hacia una etapa semifinal y, para quienes llegan a la instancia decisiva, se realiza una presentación virtual en la que los estudiantes deben explicar y defender su propuesta mediante un pitch de tres minutos.
En ese contexto competitivo, SYNAPP consiguió el segundo puesto entre 137 trabajos de todo el país, un reconocimiento que adquiere todavía mayor dimensión por el lugar desde donde nació la propuesta.
Una idea nacida lejos de las grandes ciudades
Hay un dato que merece ser destacado: SYNAPP no surgió de un laboratorio de una gran ciudad ni de una empresa tecnológica. Surgió de estudiantes de una escuela de una localidad pequeña como Malabrigo.
Y allí reside buena parte del valor de este reconocimiento.
Porque detrás del segundo puesto hay horas de investigación, creatividad, intercambio de ideas, aprendizaje y trabajo en equipo. Pero también hay una demostración concreta de que el acceso al conocimiento y la capacidad de generar propuestas innovadoras no dependen del tamaño de una ciudad.
Camila, Martina y Jazmín eligieron abordar una problemática delicada, que exige sensibilidad y responsabilidad. No se limitaron a describir el problema: imaginaron una herramienta que pudiera aportar a su prevención y desarrollaron una propuesta que integra tecnologías que actualmente existen.
Las propias estudiantes plantean que el próximo paso sería desarrollar un prototipo funcional y realizar pruebas piloto junto a profesionales y centros de rehabilitación, con el objetivo de transformar la idea en una herramienta accesible y real.
El orgullo de una comunidad educativa
El logro también representa un reconocimiento para la Escuela N.º 57 “San José de Calasanz”, sus docentes y sus directivos, por generar las condiciones para que sus estudiantes puedan investigar, crear y participar de propuestas que trascienden las fronteras de la propia institución.
SYNAPP demuestra que una escuela puede ser mucho más que un espacio donde se transmiten conocimientos: puede convertirse en un lugar donde los jóvenes detectan problemas, se hacen preguntas y se animan a buscar respuestas.
Y quizás allí esté la verdadera dimensión de este segundo puesto nacional.
Porque Camila, Martina y Jazmín no solamente obtuvieron un premio. Lograron que una idea pensada en Malabrigo fuera escuchada y reconocida en todo el país.
Tres jóvenes. Una escuela. Una ciudad pequeña.
Y una idea que nació de entender que la tecnología puede servir para algo mucho más importante que innovar: puede estar al servicio de las personas.
SYNAPP propone precisamente eso: utilizar el conocimiento, la imaginación y las herramientas disponibles para intentar que la ayuda llegue antes, que el acompañamiento sea permanente y que una recaída pueda ser prevenida.
Desde Malabrigo, tres estudiantes demostraron que las grandes ideas no siempre nacen en las grandes ciudades. A veces nacen en un aula, cuando tres jóvenes se animan a preguntar qué pueden hacer para cambiar una realidad.
